Las supersticiones siempre han perseguido a los seres humanos, los cuales, de forma inconsciente, reaccionan ante los códigos que se repiten en la sociedad y a través de la historia. Las supersticiones cobran fuerza a medida que permanecen, pero su origen es tan antiguo que a penas se conoce. Lo que sí es cierto es que, en la actualidad, a pesar de los avances tecnológicos, algunas de ellas todavía se encuentran profundamente arraigadas e, incluso, llegan a dominar a sus seguidores. Éste es el caso del número 13.

El número 13 tiene un halo de desgracia que se ha extendido y enraizado, hasta llegar a casos completamente sorprendentes, en muchos países ha quedado borrado de lugares, como hogares o transportes, donde más atención prestamos al bienestar y más pánico tenemos a la posibilidad de ver entrar el maleficio.
Los franceses nunca dan a las señas de una casa el número trece. En Italia, la Lotería Nacional también lo omite. La mayoría de las líneas aéreas internacionales saltan ese número de los asientos de sus aviones. En Estados Unidos, la situación no es menos inverosímil, puesto que la mayor parte de los grandes edificios, comunidades de vecinos y edificios de apartamentos saltan del piso 12 al 14.
No existe en edificios
Sin embargo, es ahora y, sobre todo, después del atentado del 11-S, cuando en Nueva York comienza a darse la bienvenida al inquilino más ausente de las últimas décadas, el piso número 13, conscientes de que las supersticiones no siempre frenan la mala fortuna.
Gran parte de los inmuebles de la “Gran Manzana” fueron construidos bajo la creencia de que evitar el temido piso les permitiría ahuyentar las desgracias y atraer la buena fortuna. Así, por ejemplo, algunos de los edificios más emblemáticos, como Chrysler, el Rockefeller Center, el Hotel Pierre, el hotel Helmsley o el Four Seasons, no cuentan con el botón correspondiente a la décimo tercera planta en sus ascensores, sino que pasan de la 12 a la 14.
Igualmente ocurre con muchos de los grandes bloques de apartamentos y de oficinas que pueblan Manhattan, el corazón de la ciudad, donde la superstición está extendida, pese a la diversidad racial y cultural de sus habitantes. “Yo sé que en realidad vivo en el piso trece, pero me tranquiliza que no aparezca el número en ningún lado”, explicó Bal Chapman, un estadounidense de origen hindú que vive en la planta “12a”, para evitar nombrar al número que precede al 14. De esta manera, el temor al número 13 se convirtió en un elemento habitual en el panorama urbanístico de Nueva York, pero, pese a lo arraigado de estas supersticiones, el temor a este número ha comenzado a perder importancia en esta ciudad, en los últimos años, gracias a que el mercado inmobiliario ha ido subiendo de precio y se ha vuelto más difícil y competitivo.
Además, los neoyorquinos, aunque supersticiosos, son eminentemente prácticos, por lo que difícilmente dejarán escapar un buen apartamento, si el precio es razonable, sólo porque esté en el piso número 13.
A ello se une otro factor, explicó una agente inmobiliaria, Alina Ouchater, éste es el 11 de septiembre de 2001, día en que ocurrieron los atentados contra las Torres Gemelas.

Ya ves, yo busco el número 13, igual también es motivo de supertición el no huir de él. Mentxu
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